La primera vez que una mujer…

Normalmente, cuando una integrante del sexo femenino ocupa un alto cargo en un gobierno, en una empresa o en un campo eminentemente masculino, el femenismo se apunta un tanto y el famoso techo de cristal sube unos cuantos centímetros – ya sabemos que la talla media del ser humano no sigue subiendo-. Al mismo tiempo, y al margen de su labor profesional, todas estas mujeres saben que se hablará de ellas en unos términos que nunca se aplicarán a los hombres: se hará referencia a su imagen, su puesta en escena o se debatirá si su maquillaje o su peinado son los correctos para su cargo, ya sea por exceso o por defecto. Pero lo que el hecho de que haya pocas mujeres en los cargos importantes y de responsabilidad no siempre obedece a un marcado machismo, ni a una diferente educación entre chicos y chicas. A veces ocurre que las mujeres no sienten el menor interés en tener ningún tipo de responsabilidad porque el concepto de poder que todavia lo impera no encaja con el proyecto de vida que ellas desean.

Dilma Rousseff, la primera presidenta de Brasil

No recuerdo bien dónde leí la respuesta de un entrevistado al que le preguntaban su opinión sobre mujeres que habían destacado en reductos masculinos, y le citaban nombres como Margareth Thatcher, Angela Merkel o Dilma Rousseff. A lo que contestó: “Usted habla de mujeres que se comportan como hombres, no de mujeres que ejerzan de mujeres. El reto ya no es llegar, es conseguir que el poder deje de tener género masculino.

 

 

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